Las cosas buenas llevan su tiempo

Las cosas buenas llevan su tiempo

Hubo un tiempo en que “lo bueno y rápido, dos veces bueno”. Ese tiempo es el actual y viene de los últimos 150 años. Pero no a todos les gusta. Hay quien piensa que la comida es más rica si se hace a fuego lento, que los paseos son más intensos si no acabas transpirado y que la lectura es más plena si no terminas en el naufragio de un tsunami de hiperlinks. Hay gente convencida de que “las cosas buenas llevan su tiempo”.

“Un curso acelerado de yoga”, “una guía rápida de meditación”, “un orgasmo de 30 segundos”. Nada de esto pertenece a la ficción. Todo es real. Tan verídico como contradictorio. Estas frases son títulos de libros o artículos publicados en prensa para apretar mas aún el acelerador que apresura (no hemos dicho marca, no, hemos dicho apresura) el tiempo en los países más desarrollados.

Muchos acusan a la tecnología de acelerar el tiempo… La tecnología no es buena ni mala en sí misma. Lo que importa es la utilización que hagamos de ella. Internet es una gran herramienta pero tenemos que utilizarla de forma más inteligente. Estar todo el día conectado tiene un precio muy alto. Se cuela en nuestra vida privada, nos mantiene permanentemente distraídos y eso hace que pensemos peor, nos estresemos y nos cansemos más. Las propias compañías tecnológicas están enviando este mensaje. Algunas de ellas están incorporando un tiempo diario para echar una pequeña siesta porque se han dado cuenta de que sus empleados, después de descansar, son muchos más productivos.

También dicen que pensar slow puede resultar muy productivo. Google es un ejemplo de compañía que fomenta el slowness en el trabajo. La compañía es famosa por conceder un 20% del horario laboral a sus empleados para proyectos personales.  La finalidad es que cada empleado tenga un tiempo destinado a desarrollar iniciativas que le interesen sin la presión de un timming o las limitaciones que marca un cliente. Que se sientan libres para investigar sobre lo que les guste, para cometer errores, para pensar en profundidad sobre algo… Es una forma de hacer que sus empleados no trabajen siempre bajo presión o, en otras palabras, que trabajen en un modo slow. Y parece que funciona. Muchos de los productos más innovadores de Google, como Gmail o AdSense, se gestaron en ese 20% del tiempo laboral.

Los investigadores han identificado formas de pensamiento fast y slow. El primero es racional, analítico, lineal, lógico. Ofrece soluciones a problemas concretos. Es la lógica típica de las computadoras y el modo de pensamiento que utiliza una persona bajo presión, a contrarreloj. El slow thinking, en cambio, es intuitivo, impreciso y creativo. Y esto se ve claramente en el momento en el que surgen este tipo de ideas. Los pensamientos más creativos, más originales, no se producen cuando estás respondiendo a 20 mails, corriendo para terminar una propuesta que tenés que presentar a las 5 en punto. Normalmente surgen cuando estás paseando, andando en bici…

Los grandes pensadores de la Historia conocían el valor del slowness. Milan Kundera hablaba de “la sabiduría de la lentitud”, Charles Darwin se describía a sí mismo como un “pensador lento” y Albert Einstein pasaba horas y horas mirando al vacío en su despacho de la Universidad de Princeton. El físico sabía de la necesidad de combinar ambos tipos de pensamiento y decía que “las computadoras son increíblemente rápidas, extactas y estúpidas. Los humanos son increíblemente lentos, inexactos y brillantes. Juntos tienen mucho más poder de lo que podamos imaginar”.

La cuestión no es ralentizar la vida. Es hacer las cosas mejor.

Referencia: “Good things take time”, de Mar Abad en la Revista “Ling”,